Restaurantes, medios y diputados llevan comida al Hospital J.M. de los Ríos – Yo Soy Venezolano

Restaurantes, medios y diputados llevan comida al Hospital J.M. de los Ríos

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Luego de que se difundiera vía redes sociales que el sábado 2 de julio, por primera vez en 24 años, no hubo desayuno para los niños hospitalizados; comenzaron a llegar donaciones de frutas y alimentos

En el Hospital de Niños J.M. de los Ríos ya no hacen proyecciones sobre la comida que llegará. Celebran la que logra calmar el hambre de cada turno. Esa que soluciona la contingencia de al menos 117 niños hospitalizados, 40 de sus madres y al menos 30 trabajadores del área de cocina.

Cada desayuno, almuerzo y cena representa una carrera contra reloj que el personal de Nutrición de este centro de salud debe superar; el mismo que hace viajes cada dos o tres horas hasta el Hospital Vargas para buscar los alimentos.

El sábado 2 de julio, por primera vez en 24 años, no hubo desayuno para los niños hospitalizados. Esto hizo que llovieran las denuncias vías redes sociales. Gracias a una de las que logró mayor difusión, la del secretario general de Primero Justicia diputado Tomás Guanipa, quien acudió el domingo al centro de salud a entregar comida y no lo dejaron entrar; las donaciones empezaron a multiplicarse.

Además del parlamentario que llevó queso y harina de maíz, llegaron periodistas y miembros de la emisora FM Center y entregaron patilla, guayaba y lechosa. Con ese donativo pudieron hacer los jugos y calmar las necesidades de quienes requieren dieta líquida. Posteriormente mandaron la comida desde el Vargas.

Este lunes 4 de julio llegó una sopa de pulpa de pescado donada por el restaurante Casa Bistró de Los Palos Grandes. De allí saldría el almuerzo para los muchachitos que tienen problemas para masticar y necesitan dietas semisólidas.

Una fuente, que pidió el anonimato para evitar su despido, indicó que en el Hospital de Niños nadie sabe qué se comerá. Desde el hospital le habían contado que el lunes enviarían carne sola con bollitos de harina de maíz y, para los niños que requieren dieta líquida, quizá enviarían un jugo de ocumo morado, pues eso era lo único que tenían para compartir.

La misma fuente indicó que no solo por falta de alimentos ya no se cocina en el J.M. de los Ríos. La verdad es que la cocina está clausurada por falta de mantenimiento y limpieza. De las cinco cavas refrigeradoras solo sirve una, que la repararon hace poco, y solo anidan las chiripas en ese lugar. No hay quien fumigue.

Las necesidades alimenticias de los niños son bien específicas. Todo aquél lector que pueda y se anime a colaborar, ante la respuesta poco efectiva y tardía de las autoridades de este centro asistencial, quienes hasta el mediodía del lunes no se deban por enterado de lo ocurrido el día sábado; pueden acudir a la planta baja y llevar sus donativos al área de Nutrición.

Se requiere un mínimo de 187 comidas para cada turno. 65 comidas completas, 47 especiales (19 para pacientes renales, 14 para niños con cáncer, 6 para el área hepática, 3 para niños con diarrea, 3 semisólidos y 2 sin sal) y 5 blandas. Además de al menos 40 para sus progenitoras y 30 para el personal del área de cocina. “Es muy duro lograr cocinar, pero encima tener hambre y tener que aguantarla”, refieren las trabajadoras.

Con las donaciones que llegaron el fin de semana, la cocina cuenta con un poco de huevos, queso, harina de maíz y dos o tres paquetes de pasta. También tienen algunas bolsas de bebidas no perecederas (avena, chicha y Lactovisoy), con las cuales están sustituyendo a los jugos que más nunca llegaron ni se hicieron en el propio centro de salud. Con eso esperan bandeárselas. Un mientras tanto que se ha vuelto permanente.

“Faltan las llamadas leches de inicio, para niños de cero a seis meses: Nan, fórmula para lactantes S26 o la llamada Celia, todas para recién nacidos. Las de tipo semi elemental, leches predigeridas que llegan directo al intestino a través de una sonda, como Nutramigen, Althéra, Alfaré o Alimentum; más envases plásticos. No tenemos vasos ni tapas. No hay cómo darle el alimento a los niños”, agregó la fuente.

Las consecuencias son de previsible pronóstico. Los niños pierden progresivamente peso que pudiera desembocar en desnutrición, lo cual alarga su proceso de recuperación y los hace extender su estancia en el hospital.

Ellos deben comer balanceadamente y con regularidad pues reciben dosis de antibióticos a diario que al no encontrar un soporte de alimentos podría ocasionarles anemia, según explicó otra de las fuentes consultadas.

El personal de Nutrición recibió la promesa de que en horas de la tarde del lunes se solventaría el problema con la entrega de comida que llega desde el Hospital Vargas, la cual se interrumpió el sábado presuntamente por la falta de pago de los proveedores. Mientras tanto, lo único concreto son los donativos.

En Nefrología hacen vacas

La mayoría de las madres prefieren no declarar. Dicen tener miedo de que sus hijos hospitalizados reciban algún tipo de retaliación por las denuncias. Una de ellas, Clara, explica que lleva dos meses y medio en el servicio de Nefrología pues su hijo de cuatro años y medio es un paciente renal crónico y debe recibir tratamiento de hemodiálisis.

Se queja de la irregularidad en la entrega de los alimentos. Los desayunos llegan a las 9:30 de la mañana, los almuerzos pasadas las 2:00pm y las escasas cenas que se reciben vienen después de las 6:00pm.

Certifica que la opción más segura para el desayuno de los niños son las empanadas, que pueden comprar en el cafetín quienes tengan al menos 350 bolívares en la cartera. Para ella no es la solución, pues su hijo no debería comerlas.

A diferencia de los otros servicios, Clara explica que los pacientes de Nefrología han desarrollado mecanismos para apoyarse entre sí y lograr salir adelante en el marco de la escasez de alimentos y medicinas.

“A veces no sé cómo hacer. Si yo estoy aquí y mi esposo trabaja, ¿quién hace la cola por la comida? Entonces, nos hemos puesto de acuerdo para hacer unas “vacas” y entre nosotras mismas conseguir la comida por aquí cerca como sea. La cocinamos escondida y luego la compartimos. Nadie sabe cuándo saldremos de aquí. Tenemos que ayudarnos. Así y todo salimos bien, peor la pasan los niños que se hemodializan de manera ambulatoria. Salen y como no tienen tiempo para esperar se van sin comer”, aseguró.

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