En Venezuela no hay fruta ni hortaliza que mantenga su precio por más de dos días (Fotos) – Yo Soy Venezolano

En Venezuela no hay fruta ni hortaliza que mantenga su precio por más de dos días (Fotos)

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Las hortalizas, verduras, frutas, cereales e incluso proteínas simples como el huevo aparecen y desaparecen de la oferta, pero cuando están en los mercados, la gente no puede pagarlas

Dice una canción popular del occidente venezolano: “Ah mundo, cuando era mundo y cuando en Quíbor llovía, que si piedras se sembraban hasta las piedras crecían”. Pero ni siquiera la biodiversidad del suelo y el clima venezolano, que permite una variedad importante de cosechas, han podido garantizar el consumo local. La escasez de semillas, insumos y sustancias para proteger el cultivo aumenta el costo de los alimentos y disminuye considerablemente las opciones, hasta que las familias eliminan algunos alimentos que antes eran cotidianos en sus comidas, como el tomate, la papa, la cebolla y hasta las frutas.

Las hortalizas, verduras, frutas, cereales e incluso proteínas simples como el huevo aparecen y desaparecen de la oferta, pero cuando están en los mercados, la gente no puede pagarlas.

De mercado

7 mil kilos al día aproximadamente vende Wilson Castellano, vendedor de frutas y hortalizas en ferias itinerantes que se instalan en la ciudad los jueves y viernes de cada semana. Viene cargado desde La Grita, estado Táchira, donde compra mercancía a pequeños productores locales y viaja hacia Caracas con sus nueve trabajadores para atender a una clientela que cada vez es más asidua. Los precios de los “ferieros”, como se hacen llamar, pueden estar un poco más bajos que los de las verduras en los mercados, aunque cada vez se les hace más difícil mantenerlos.

“Doscientos bolívares menos son doscientos bolívares con los que puedo completar para comprar otro aliñito”, dice Aída Mendoza, compradora de una feria de hortalizas ubicada en Maripérez. Durante esa semana, el precio de la cebolla en los mercados municipales estaba entre 1.100 y 1.300 bolívares el kilo, pero en las ferias se podía conseguir en 900 bolívares. Los “ferieros” tratan de establecer un costo común para algunos rubros: si alguno de ellos sube de precio en la siguiente compra, entonces pueden compensarlo con el costo de otro rubro que aún se mantenga.

Así logran una especie de competencia justa con otros ferieros para mantener los precios por lo menos una semana. “La cebolla está carísima porque hay escasez para producirla y la plaga se está comiendo los cultivos. Otros que van a desaparecer son el pimentón, el tomate y la zanahoria porque no hay semillas ni abono y pocos productores están sembrando”, explica Luis Duque, quien es productor y a la vez viaja para vender en ferias.

Explica que ha tratado de mantener la siembra de una variedad de cultivos en su terreno, pero que algunas semillas (la de tomate, por ejemplo) debe buscarlas en Colombia para tenerlas durante el periodo de siembra, lo que incrementa sustancialmente los costos y las hace menos rentables.

“El coliflor y el brócoli los traemos muy poco porque son muy delicados, se dañan rápido y son costosos. La gente los compraba pero ahora tiene que elegir entre un brócoli y medio kilo de yuca, que es lo más barato y lo que más están comprando”, comenta Castellano. Agrega que a principios de año traía tres sacos de yuca y con eso cubría la demanda, pero ahora tiene que traer siete sacos porque desaparecieron tanto el ocumo como el apio y la papa es más costosa, así que la gente resuelve con yuca.

La feria Santo Cristo de la Grita se instala jueves y viernes en Maripérez. Además de frutas y hortalizas, también comenzaron a traer -de pequeñas fincas en Táchira y Trujillo- una presentación de café artesanal, caraotas, queso y panela de papelón que hacen en los trapiches de la zona.

Aunque el medio kilo de caraota y el de café costaban mil bolívares hace una semana, casi todos los compradores lo llevaban “primero, porque hay; por ejemplo, yo no tenía café desde hace un mes; segundo, porque sigue siendo más barato que comprarlo a los bachaqueros que se están aprovechando de la necesidad. En cambio, esta es gente que trabaja en el campo, que se suda su esfuerzo”. Así lo comenta Esperanza Iriarte, compradora.

Debido a la escasez de azúcar, el papelón se convirtió en la principal opción para endulzar. Pero como marca la dinámica de la oferta y la demanda, en 15 días el papelón pasó de mil bolívares por panela a un costo de 2.500 a 3 mil bolívares. A principios de mayo, el papelón se conseguía en 500 bolívares.

“La primera semana de junio compré una paca de panela en 24 mil bolívares y todavía podía venderlo a mil bolívares, pero la siguiente semana se acabó, y cuando llegó nuevamente de los trapiches la misma paca costaba 48 mil bolívares. Si lo traigo, ¿en cuánto se lo tengo que vender a la gente? Van a pensar que soy yo que les estoy poniendo sobreprecio y no entienden que en una semana me subieron el doble”, comenta Castellano, quien instala la feria con su camión a unas seis cuadras del mercado de Quinta Crespo.

Frutas de lujo

La primera semana de junio, Antonio Perdomo compró 20 piñas en el Mercado Mayorista de Coche para vender en su local de frutas en el Mercado de Guaicaipuro. De las 100 piñas que solía comprar para la venta semanal se vio obligado a reducir la adquisición a 20 unidades, porque los costos le aumentan cada dos o tres días. Por eso, decidió comprar menos para no tener que rematar las que se quedan en el mostrador.

Los clientes pasan de largo por el precio que Perdomo debe ponerle a cada piña: 500 bolívares cada una. Hace una semana las pagó en Coche a 350 bolívares a precio de mayorista y la siguiente ya estaba en 400 bolívares. La factura que canceló por seis tipos de frutas para la venta de una semana superó los 117 mil bolívares y eso que apenas está comprando una tercera parte de lo que habitualmente ofrece en su negocio.

“La gente ya no puede comprar por kilo, apenas se llevan dos o tres fruticas y en el mejor de los casos piden medio kilo de la fruta que esté más barata”, relata. Por ejemplo, el kilo de mandarina comenzó la semana en mil bolívares. La caja le costó 10 mil bolívares al mayor. Una caja de naranja la pagó en 5 mil bolívares.

“Preguntan y siguen de largo. Los que se paran y compran se llevan tres o cuatro mandarinas, nadie se lleva un kilo y menos si es de fruta porque tienen que resolver las comidas”, comenta Perdomo.

Algo similar pasa con los duraznos: “Me preguntan si les vendo dos duraznos, y eso es lo que se llevan”. Desde hace meses Perdomo compra una sola caja de duraznos porque, aunque pueden refrigerarse, cuando pasan dos o tres días tiene que reducirles el precio. “Esa es la razón por la que más nunca vendí fruta importada (manzana o pera), porque la gente no la puede pagar y esto es una mercancía que no se puede guardar; un día que pase es un día de pérdida”.

Aunque las frutas de estación suelen ser más económicas, el vendedor explica que tiene que comprar comedidamente melón y parchita, porque cuando se acentúa la escasez de azúcar o papelón, la gente no las lleva: usualmente estas frutas las usan para hacer jugos y dejan de ser muy atractivas para el consumidor venezolano si no pueden endulzarse.

Los mercados municipales fueron durante años la opción más económica para comprar frutas y vegetales frescos, pero las condiciones ya no son tan favorables. Los vendedores de mercados como San Martín, Quinta Crespo y Guaicaipuro aseguran que son los primeros que reciben insultos de los consumidores a pesar de las limitaciones con las que están trabajando.

“Quienes tenemos puestos dentro de los mercados tenemos que pagar condominio. En Guaicaipuro ya va por 13 mil bolívares; además, pagamos flete (costo de transporte) para que nos traigan la mercancía desde Coche, y eso nos representa más de 60% de los gastos. Los vendedores informales que están afuera de los mercados venden a los mismos precios que nosotros, pero ellos no pagan ni impuesto, ni condominio, ni empleados. A duras penas nos mantenemos”, explica Perdomo.

Luis, vendedor de verduras, trabaja en el mercado desde hace 15 años; tres lustros atrás comenzó como cargador en algunos puestos. Cuando logró conseguir su propio local, comenzó a vender lo que los compradores llaman “la verdura de la sopa”: yuca, ocumo, apio, auyama, papa, zanahoria. Pero un miércoles en la mañana en su mostrador solo ofrece tres: ocumo, apio y yuca. Lo demás lo compra exactamente para lo que estima vender el fin de semana, cuando aumenta la cantidad de compradores. “A principios de año trabajaba con el triple de lo que tengo ahora. Aquí no podemos desperdiciar nada porque esto es comida perecedera y, aunque la gente la necesita, por los precios no puede comprar como antes y terminamos perdiendo nosotros con una mercancía que se daña en pocos días”.

“Uno no sabe en cuánto va a amanecer el precio cuando llegas a (mercado de) Coche. Fui el sábado en la madrugada a comprar un saco de yuca que estaba en 22 mil bolívares tres días antes, hoy amaneció en 35 mil bolívares, Tuve que subirle 200 bolívares a la yuca para poder ganarle algo y por eso cuando la gente llega a comprar un kilo de yuca que ayer estaba en 800 bolívares, hoy le cuesta mil bolívares”, cuenta Luis.

Contrapunto.com


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