Trabajadores de empresas básicas venden sus botones de antigüedad para comprar comida – Yo Soy Venezolano

Trabajadores de empresas básicas venden sus botones de antigüedad para comprar comida

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Con su uniforme de Venalum entra un hombre a la recepción del reducido local en la esquina caliente de Unare. El reloj marca las 12:00 y el calor funde. El trabajador saca de una pequeña caja azul el botón que recibió por sus 20 años de servicio en la reductora del aluminio.

Lo entrega a la mujer que, a diario, recibe al menos tres botones de reconocimiento de empleados de las industrias de Guayana a cambio de 20 mil bolívares el gramo. “La vida está muy cara”, asegura el hombre que dice tener 22 años en la productora de aluminio.

No es su día. El botón es de 10 quilates, la pureza por la que pagan menos. Después de pesar y calcular, el trabajador sale con las manos vacías, pues por ese botón solo le ofrecen 6 mil bolívares, el equivalente a tres kilos de arroz a precio de reventa. “Casi todos lo han vendido, pero por ese monto prefiero guardarlo”.
Después de él entra Karina Mujica con un par de pulseras de plata en mano. “Las vendemos por necesidad porque mi mamá sufre del corazón y hay que hacerle un cambio de marcapasos y cuesta 1,4 millones de bolívares”. Tampoco la plata, por la que pagan -apenas- 100 bolívares el gramo. “Hemos vendido prendas de toda la familia”.
Esa es la última estrategia a la que han recurrido asalariados y todo tipo de personas asfixiadas por la crisis económica en una Venezuela con la inflación más alta del mundo. La necesidad lleva a la gente a vender hasta las joyas más guardadas en el baúl de los recuerdos, lo cual explica la proliferación de casas de empeño y compraventa de oro en prendas.

Operaciones en mini cubículos

Los grandes carteles amarillos que han aparecido en los últimos meses en Alta Vista y la esquina caliente de Unare dan la sensación de estar en alguno de los municipios mineros del sur de Bolívar, donde la compraventa de oro es uno de los oficios más populares y antiguos y también la variable más importante de la anarquía, que involucra a cientos de mineros en tierras ricas en oro.
“La gente tiene necesidad y el oro es dinero; recibimos como arroz botones de las empresas básicas, traen de 5 a 6 botones diarios”, asegura el dueño de tres locales de compraventa en Puerto Ordaz, que por seguridad prefiere mantener su nombre en reserva. El joven, de no más de 30 años, abrió el último local hace tres meses, en la medida en que la venta de prendas creció como respuesta a la crisis.

ComillasNEGRASgrandesVendemos las pulseras de plata por necesidad; mi mamá sufre del corazón y hay que hacerle un cambio de marcapasos y cuesta 1,4 millones de bolívares. Hemos vendido casi todo, puras prendas pequeñas, porque los trabajos no dan”. Karina Mujica

Al local, ubicado en la calle Guarapiche de Unare I, se llega por un largo pasillo con carteles vistosos con barras de oro. En un cubículo blindado, con una cámara de seguridad, una ventanita con vidrio blindado -más pequeña que las de las farmacias de turno- es abierta del otro lado.

Por esa pequeña rendija se hace la transacción completa. Una joven pesa las prendas, comprueba que es oro al pasarla por una piedra especial y verterle golding testing y saca la cuenta. Bs. 23 mil por el gramo de oro de 18 quilates, en los locales que más pagan; Bs. 14 mil por 14K y Bs. 10 mil por 10K.

“Compramos prendas rotas, se funden y se venden a personas interesadas en llevárselas porque tienen contactos con empresas que comercializan”, explica, al señalar que los empeños han perdido terreno “porque no es rentable, el negocio es comprar”.

En esa dinámica, precisó que actualmente existen 18 tiendas de compraventa, 13 más que las que estaban abiertas hace tres años.

Otros negocios en el entorno

Carteles amarillos en la esquina caliente de Unare dan la sensación de estar en alguno de los municipios mineros del sur de Bolívar.

Además de prendas de oro y plata, en las casas de compraventa adquieren dólares pese al control de cambio impuesto por el Ejecutivo en 2003 y billetes de 50 y 100 bolívares para completar las transacciones de empeño y compra de joyas.
Compran billetes en sumas superiores a los 500 mil bolívares, en denominaciones de 50 y 100 bolívares. Por estas operaciones pagan 5% sobre el monto de venta.
“El tema es la necesidad, todo se ha convertido en una posibilidad de obtener dinero. Acá viene gente que quiere vender, incluso, anillos de plata que se pagan en 300 bolívares, ¿qué es eso?”, dijo una de las jóvenes que atiende un local en la esquina caliente.

Allí se ha topado no solo con quienes venden pequeñas prendas de poco valor, sino con quienes empeñan joyas y en la mayoría de los casos las pierden. “Para empeños son 12 mil bolívares la grama y 30% de interés mensual. Por lo general pierden las prendas”, asegura.

Legalidad a prueba

Los negocios son registrados como joyerías, pero cruzan la franja de la ilegalidad cuando adquieren oro proveniente de las minas por el que pagan, en la mayoría de los puestos consultados, 23 mil bolívares la grama.

De acuerdo con una resolución conjunta del Ministerio de Petróleo y Minería y el Banco Central de Venezuela, publicada en la Gaceta Oficial N° 40.692 del 30 de junio de 2015, todo el material aurífero obtenido “con sus aleaciones metálicas de carácter no contaminantes y en cualquiera de sus presentaciones” en el país debe ser vendido a la máxima autoridad monetaria.

La medida es un mecanismo formal, aún tímido, para reducir la anarquía de la extracción minera al sur de Venezuela, principalmente en los estados Bolívar y Amazonas, en donde cientos de mineros usan desde métodos rudimentarios para la extracción de mineral con el uso de mercurio hasta maquinarias hidráulicas para una mayor extracción de la piedra preciosa.

Crucifijos, cadenas, botones de reconocimiento y prendas rotas en general son pesadas a diario a cambio de bolívares.

La obligatoriedad de vender el oro al BCV no es nueva. La última modificación del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica que reserva al Estado las actividades de exploración y explotación del oro, publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.150 del 18 de noviembre de 2014, establece que todo el oro que se obtenga como consecuencia de cualquier actividad minera en el territorio nacional, “será en principio de obligatoria venta y entrega preferente al Banco Central de Venezuela”.
“Comprar oro minero es un delito, está penado por la ley”, asegura un joyero que prefiere no ser identificado. “Compramos solo prendas rotas para fundirlas y hacer nuevas como anillos de graduación o boda, pero está claro que nadie puede usar prendas por la inseguridad y ese es un capital para afrontar la debacle económica”.
En cambio, uno de los compradores de oro prefiere calificar el negocio como gris. “Comprar la prenda no es ilegal, tampoco que la vendan. Los registros se hacen como joyería y lo que hacen quienes compran el material fundido ya no está en nuestras manos. Lo que es un claro delito es comprar oro minero y muchos en este negocio lo hacen pero ninguno te lo va a decir, ninguno lo admite”.

En las oficinas del Ministerio de Petróleo y Minería explican que para trabajar en el negocio del oro se debe contar con una licencia o registro que especifique que se dedican a compra y venta de oro en prendas; y tramitar la patente de minas.
“Hay compras que lo que tienen es un registro o patente como inversiones y eso no es suficiente, y lo correcto es que ese oro pare en las grandes fábricas que hacen joyas en serie. Sin embargo, la ilegalidad que pueda haber acá no es nada comparado con el robo de oro de los propios militares en la mina”, sostiene el joyero.
A Zulay Gutiérrez nada de eso le preocupa. Para ella, quien ha recorrido varios locales de compra en Unare y ha llegado cansada a Alta Vista a comparar los precios de cambio, la principal meta es vender un pesado anillo para hacer mercado. “Mi esposo está desempleado y la situación está muy dura. Me duele venderlo, pero tenemos que comer y aquí estoy”, dice.

Atesora 2,4 gramos de oro con los que espera obtener cerca de 50 mil bolívares que representan 3,3 salarios mínimos en Venezuela, “que de broma me alcanzarán para una semana y me obligarán a vender hasta el anillo de boda”, lamenta.


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