La crisis multiplica las ventas de garaje – Yo Soy Venezolano

La crisis multiplica las ventas de garaje

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Son un fenómeno con distintas versiones: unos las conformaron por necesidad, otros porque se van del país, algunos son profesionales de clase media que las entienden como un rebusque y otros más se están desprendiendo de parte de la casa para poderse mantener. Especialistas lamentan que esto eleve el ya abultado carácter informal de la economía nacional

“Venezuela es otra”, dice el aviso. Escrito con marcador sobre hoja blanca, está pegado en la vitrina de la más antigua venta de garaje que se conozca en el Táchira, la de Teresa Berbín. Aunque el propósito del mensaje es avisar que cobrarán 10 bolívares por bolsa, la última línea enuncia otra realidad: que el país cambió. Y que en San Cristóbal, su séptima capital de estado más poblada, la crisis económica es un monstruo tan fuerte que este año ha empujado la multiplicación en el paisaje urbano de las ventas de garaje.

Las cosas se fueron dando solas hace casi seis años. Había que sacar corotos de la casa de la suegra, su nieta ya había crecido y no tenían dónde guardar coche y corral, como tampoco dónde poner los muebles viejos. “Hubo un momento en que esto se me llenó y me dije, ¿qué hago? Como una vecina me compró un mueble y una mesa, pensé en abrir las puertas a ver”, rememora ‘Teté’, como todos la conocen, desde su venta de garaje en el barrio San Carlos y, por si fuera poco, con la casualidad de tener a esa vecina al lado.

“La necesidad es la madre de la inventiva”, le complementa su hija y ayudante, quien detrás de la vitrina define qué puede ser una venta de garaje: “Es una relación ganar-ganar. El cliente gana porque ya no regala las cosas como hacía antes, sino que las vende. El que compra a un precio más accesible gana, porque se está viendo beneficiado. Y para nosotros, es el medio de trabajo”.

Se acabaron los tiempos en que unos regalaban ropa usada a otros. En el local de ‘Teté’ convergen las prendas de más de 200 tachirenses, confiadas a consignación. Tachirenses como Nivia Contreras, quien por segunda vez lleva las franelas que dejaron sus dos niños varones o los vestidos que ya no le quedan a la bebé que carga en brazos. “Es una ayuda adicional ante la situación del país”, expresa la ama de casa que, seguramente, dentro de unas semanas regresará por las ganancias.

“Vender económico para ayudar a los demás”. “La ganancia es poca, pero la mercancía rota”. Estos son los mantras de ‘Teté’ quien, como pionera, sitúa el “boom” de las tiendas de garaje en San Cristóbal a partir de febrero de este año, justo cuando los venezolanos descubrían que ostentan la única inflación de tres dígitos del mundo.

Los entendidos en la materia sitúan a Marcel Suárez como el segundo que incursionó en tiendas de garaje en San Cristóbal, mucho antes de la explosión del fenómeno este año. A finales de 2012, cuando montó la suya en Santa Teresa, lo miraban con incredulidad. Ahora recibe a quienes buscan regalos, antigüedades y desde un coche nuevo de bebé hasta una lámpara. El modus vivendi superó la etapa de prueba.

Por necesidad y por éxodo

El caso de Tomás Barrios y su esposa puede variar en relación con los demás. En su venta de garaje, cerca de la avenida 19 de Abril, no hay nada de terceros; todo cuanto se vea es parte del patrimonio familiar. Pensionados ambos, un par de salarios mínimos no les está alcanzando para mucho y emigrar tampoco es una opción para ellos. “Necesitamos un dinerito extra”, explica el jefe del hogar.

Dos meses fue el plazo que se fijaron para vender parte de lo que han acumulado en cuatro décadas de matrimonio, como licuadoras, planchas, cavas, DVD y zapatos. Desprenderse de productos tan queridos le ha arrancado alguna lágrima a Barrios. “Si no tuviera la necesidad no lo estuviera haciendo”, argumenta. En esta primera quincena lo que más han vendido es lo más económico, lo que cuesta de 4.000 bolívares hacia abajo.

Otra tachirense que también le tiene fecha de vencimiento a su tienda de garaje es Angélica Grimaldos, una visitadora médica que, después de viajar a Cuba y ver cómo los habitantes de la isla ponían precio a sus pertenencias, presagió que esto podría replicarse en su país.

Todo empezó cuando a una amiga de Grimaldos la atracaron en su comercio y decidió emigrar a México. Las cosas personales de esa primera tienda de garaje las remataron en unos 20 días, justo cuando llegó otra amiga que partirá hacia Uruguay. Esta segunda venta durará hasta su remate, el 20 de agosto próximo.

“Lo he hecho más que todo para ayudarlas a ellas”, comparte Grimaldos desde el porche de su casa, convertido en una exhibición variopinta, que incluye desde lavaplatos hasta adornos navideños, y que ella misma engrosó con una vitrina, una mesa de comedor y un corral propios. Con las ganancias, espera comprar nuevas cosas para su bebé.

Los días en esos pocos metros cuadrados son bastante movidos, sobre todo los fines de semana. Ha recibido gente de Capacho, Rubio, Bramón, Palmira y otros pueblos del área metropolitana del Táchira. El fenómeno tiende a regionalizarse.

Educadores en otra aula

En casa de Nilsa Quintero también regalaban la ropa. “En vista de la situación, el año pasado le pregunté a mis hijos por qué no poner una venta de garaje”, relata la docente jubilada. Ahora su pequeño local de la avenida Ferrero Tamayo está lleno de prendas que dejaron de usar sus familiares, únicamente, porque prefieren no comprarle a terceros.

Quienes más llevan esas prendas son trabajadores de a pie y motorizados, pero también personas de clase media alta. Y de lo que más suelen hacerse estos clientes habituales es de ropa infantil, calzado y pantalones de hombre.

A finales del año pasado otro educador, Sandberg Arrieta, se juntó con un grupo de médicos, abogados, ingenieros, arquitectos y otros profesionales que, necesitados de ingresos, montaban tiendas de garaje itinerantes en diferentes zonas de San Cristóbal, como la Unidad Vecinal y Quinimarí. Las llaman “el mercadito”.

Está pasando: los profesionales se están caracterizando por buscar maneras de ganarle la carrera a la crisis. Esta los lleva a abrirse ante una canasta básica de 346.000 bolívares, dimensiona la economista Yuraima Suárez, profesora de la Universidad Católica del Táchira.

Arrieta animó a una colega suya, Leida Romero, quien sin dejar la docencia se sumó a esto en febrero. Al cabo de un mes destinaban literalmente el garaje de su casa, en la avenida Carabobo, para comerciar desde una cola para el cabello a 500 bolívares hasta una puerta para Ford Fiesta a 95.000 bolívares, puerta que a su vez sirve de tendedero para vestidos de gala. Así de heterogéneas son las tiendas de garaje.

Con las ganancias de las ventas diarias, Arrieta reinvierte en la nueva mercancía que le llega en buen estado o que busca.

Cerca, en la calle 16, el también educador Brayan Vargas tiene buena impresión de las dos primeras semanas de actividad en su venta de garaje. Ya le han rendido para solventar necesidades en su casa. “Para mí ha sido productivo”, evalúa, sobre todo en comparación con los ingresos actuales de los docentes.

La organizó al darse cuenta de que “todo lo que ahorita la gente no usa, otro lo necesita”. Por eso acepta prendas y corotos usados en buen estado a los que pone códigos con la inicial del cliente y algún número, de forma que, cuando se dé la venta, sepa a cuál cliente debe entregar el dinero. Empezó con unas 20 unidades y ya cuenta algunas 150.

Todo tipo de personas pregunta a cada rato por el microondas, por los teléfonos de mesa y, sobre todo, por los cauchos que llaman la atención desde la calle. Por ahora, la venta de garaje de este educador es un “mientras tanto”, una opción de supervivencia.

Ni en el Código de Comercio ni en el Código Orgánico Tributario están registradas o reguladas las ventas de garaje, documenta la economista Suárez. En consecuencia, no hay nada que les exija pagar impuestos. “Forman parte de la economía informal, que en Venezuela está alrededor de 65 %; una de las más altas de la región”, dimensiona la investigadora. “Y toda actividad informal, termina siendo dañina para la economía”, advierte.

Todo a consignación

Los cuadros en la venta de garaje de Dessilu Mora y César Ramírez no están por mera decoración. Pertenecen a una señora que, por la crisis, cerró un negocio de decoración de interiores. “A medida que los vamos vendiendo, ella nos va trayendo más”, indica el esposo. Delante de los cuadros se observa un televisor negro que, cuando encuentre comprador, servirá para que un señor pague la universidad de un joven.

“Con esta situación, los venezolanos debemos estar para esto, para ayudarnos”, razona Mora. Lo de la señora de los cuadros, lo del señor del televisor, todo está inventariado en unos siete cuadernos con nombres y especificaciones de clientes que dejan sus corotos a consignación en ese salón de casa paterna que, en año y medio de vida en el centro, se ha ido llenando de los más variados productos.

Aunque la ropa aquí también sea lo más notorio, Mora y Ramírez han concertado ventas de repuestos para carros, codos para la construcción y lavaplatos. Al principio parecía insólito, pero luego han entendido que para todo esto hay clientes, observa Mora.

Como ella, la mayoría de consultados aclara que con la sola venta de garaje no se mantienen, sino que la entienden como un ingreso adicional al trabajo formal o a la pensión. Algo que tal vez no imaginaron replicar cuando, años atrás, veían aquellas “limpiezas de primavera” en películas o series norteamericanas. En el Táchira están siendo paraguas contra el tormentoso invierno de una crisis económica que, como dice el cartel de ‘Teté’, hizo que Venezuela sea otra.

ventas de garaje, aproximadamente, existen en el área metropolitana de San Cristóbal.

Diario La Nación visitó ocho ventas de garaje de San Cristóbal

y pudo caracterizar los siguientes 10 patrones comunes en la mayoría de ellas:

Decálogo de una realidad

Diario La Nación visitó ocho ventas de garaje de San Cristóbal y pudo caracterizar los siguientes 10 patrones comunes en la mayoría de ellas:

1) Son iniciativas de parejas de esposos, jubilados, amigos o colegas del trabajo.

2) Todos los días reportan ventas. “Es rentable”, se escucha decir.

3) Lo que no falta en prácticamente ninguna son ropa o antigüedades.

4) Las personas de clase media alta también las visitan y compran.

5) Pantalones de caballero y ropa de bebé, lo que más se vende.

6) En la mayoría se aplica el regateo de precios.

7) Los pagos se realizan, casi siempre, en efectivo.

8) Existen las figuras de consignación (la gente, necesitada, se está desprendiendo de sus cosas usadas) y apartado de mercancía.

9) Algunos se basan en el “índice Mercado Libre”: revisan en la web y ponen un precio más bajo.

10) Las organizan en espacios propios, casi ninguno paga alquiler.

Lanacionweb.com







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