Chavismo va al tercer intento por el diálogo – Yo Soy Venezolano

Chavismo va al tercer intento por el diálogo

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A la tercera va la vencida, dice el sabio proverbio popular, y, en Venezuela, en estos momentos, el diálogo que durante la gestión Maduro se intenta instalar formalmente por tercera ocasión, no se trata solo de una esperanza, sino de una necesidad.

Pero así como para Venezuela es una necesidad, para el Chavismo es también una obligación política y social.
Cercado por la dura realidad económica (interna y externa), por el descontento popular que la misma ocasiona y la creciente presión internacional (macerado con la importante pérdida de dos aliados de primer orden en el continente: Brasil y Argentina), la gestión de Nicolás Maduro recurre de nuevo al diálogo para intentar atravesar la tormenta política.

En el 2014, cuando una fracción de la oposición encabezada por Leopoldo López intentó una aventura política bautizada “La Salida”, que devino en seis meses de inestabilidad política y al menos cuatro de cierres y cortes de carreteras con un saldo nefasto de 43 venezolanos fallecidos, el presidente Maduro instaló en Miraflores, con la presencia de los cancilleres de Colombia, María Ángela Holguín; de Ecuador, Ricardo Patiño; de Brasil, Luis Figueredo; y un enviado de la Santa Sede, el Diálogo Nacional por la Paz. Era abril y bastante violencia, tensión y víctimas habían corrido bajo el puente.

En aquella ocasión, en cadena nacional, todos los invitados al “festín catárquico” se expresaron como y cuanto quisieron. Por la oposición hicieron uso de la palabra: Ramón Guillermo Aveledo, Henry Ramos Allup, Omar Barboza, Henry Falcón, Roberto Enríquez, Simón Calzadilla, Liborio Guarulla,Juan José Molina, Julio Borges, Andrés Velásquez y Henrique Capriles Radonski. Por el gobierno lo hicieron: Elías Jaua, Diosdado Cabello, Aristóbulo Istúriz, Rafael Ramírez, Blanca Eeckout, José Pinto, Didalco Bolívar y Jorge Rodríguez.

Habían servido de mediadores los entonces diputados Pedro Pablo Fernández e Hiram Gaviria, y exvicepresidente José Vicente Rangel.

Tras largas e interminables intervenciones, el país fue testigo de un hecho inédito: Chavismo y oposición se sentaban, cara a cara, en vivo y en directo, a acusarse mutuamente, pero en un inédito esfuerzo por reconocerse mutuamente.

El resultado de todas esas mesas y reuniones no puede decirse que haya sido el idóneo, pero no cupo duda entonces, ni lo cabe ahora, que sirvió para atemperar los exacerbados ánimos de parte y parte, y para dejar en evidencia la división que entonces (como ahora) aquejaban a la MUD.

El segundo intento por instalar un diálogo nacional entre chavistas y opositores se fraguó en el primer semestre de este accidentadísimo 2016. El lugar: República Dominicana. Los mediadores: Unasur en la persona del expresidente colombiano Ernesto Samper y sus colegas Martín Torrijos, de Panamá, José Luis Rodríguez Zapatero, de España y Leonel Fernández de Dominicana.

La reunión con los mediadores por separado terminó postergando el inevitable acercamiento entre los dos polos opuestos de la política criolla.

Parecía ante la opinión de los públicos internos de cada cual, que se estaba a punto de cometer el peor de los pecados capitales, cuando se trata del más común y natural ejercicio político del mundo: Dialogar.

Pero la censura al intento terminó por desmontarlo y posponiendo de nuevo. Hoy el país está a la expectativa: ¿será que a la tercera será la vencida?

Aunque las cámaras fueron buenas en abril del 2014, porque se trataba de la primera ocasión en que ambas facciones políticas se sentaban a “dialogar”, terminaron siendo el peor enemigo del diálogo necesario. Cada turno era considerado una oportunidad para candidatearse, cada frase estaba comprometida más con la política que con la historia.

Hoy, el diálogo que necesita el país requiere menos apuntadores y más sinceridad. Las cámaras, aunque las pidan a gritos los fanáticos de ambas toldas, solo conspiran con la honestidad política que se requiere para estos días.

Maduro, no es un secreto para nadie, no pasa por un buen momento. Pero, por misterioso que a muchos le parezca, ha sabido mantenerse a flote en medio de la más intensa crisis política nacional. El diálogo que hoy está previsto, desde sus adversarios se interpreta como una bocanada de oxígeno. Sin embargo, dentro de las filas chavistas existen no pocos que tampoco festejan el darle chance a la palabra. Los radicales tienen esa particularidad: terminan pareciéndose demasiado en sus posturas a aquellos que más dicen odiar.

El Gobierno tiene en este nuevo intento por el entendimiento, un papel de primerísimo orden. El Ejecutivo no solo debe dar el ejemplo desarmando la palabra, sino que requiere de todas sus dotes para saber el qué y el cómo de este delicado asunto.

En el Psuv muchos añoran la fuerza política que imprimía el fallecido presidente Hugo Chávez, y podrá no gustarle a muchos, pero difícil de negar, su innegable capacidad para poner y disponer de la escena política nacional.

Ese no es el escenario actual del partido de Gobierno que con varias deudas pendientes en lo político (eficiencia, lucha contra la corrupción, burocracia, etc.) se ha empeñado en surcar la “tormenta económica” sin sacrificar un ápice del rumbo.

Lo electoral (referendo, regionales o elecciones generales), lo económico (medidas o conjunto de ellas) y lo social, debe primar en la agenda.

Lo que no debe imponerse es el equivocado criterio de que acuden, de nuevo, a hacer tiempo, a discursear para engañar o a repetir errores.

Por: M. Delgado Marcucci

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